Consciente o inconscientemente, el hombre
siempre ha buscado las fragancias agradables,
tanto por su valor en sí mismas como
por la manera que influye en otros sentidos
como la vista o el gusto. En particular, el
pueblo japonés ha reconocido que el valor
del incienso no se limita al mero placer de
los sentidos sino que se extiende igualmente
al reino estético de la belleza. Aunque
no tenga forma ni sustancia, el incienso tiene
el poder de conmovernos profundamente e inspirarnos.
Contemplar nuestros pensamientos mientras disfrutamos
la fragancia del incienso se valora como un
tiempo para recuperar nuestra paz espiritual
y libertad. La fragancias que pueden despertar
estos sentimientos se llaman “Koh”,
y disfrutar del Koh es un ingrediente esencial
de la estética japonesa.
El agradable arte
del incienso abre la puerta a un mundo de continuo
crecimiento estético y comprensión
espiritual, a la vez que procura un elegante
momento de reposo en medio de nuestra ajetreada
vida. La experiencia japonesa de Koh es aquella
de la sensibilidad universal, que trasciende
lenguas y razas, accesible para todos. Después
de todo, es nuestro común sentido del
olfato el que nos transporta a todos al mundo
de Koh.
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